Oblación

La Oblación es la fuente común que reúne a los diversos miembros del Instituto para una misma misión: «estar en el corazón del mundo, fermentos de unidad, dar a conocer al Dios de ternura». (LT)

El Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento emplea las palabras holocausto, ofrenda, sacrificio de comunión, oblación para designar los dones ofrecidos a Dios según ritos muy complejos. Se trata, para los creyentes, de expresar la necesidad de adorar, de purificar su corazón o de reparar el pecado. Pero los ritos pueden realizarse por sí mismos o convertirse en un regateo. Entonces los profetas interpelan, a veces con dureza, al pueblo: lo que Dios espera es la disponibilidad del corazón, de un corazón capaz de ofrecerse.

El Nuevo Testamento

El Nuevo Testament lo emplea sobre todo en la Epístola a los Hebreos, que aplica a Jesús este versículo del salmo 39: «No quisiste sacrificio ni ofrenda, me has preparado un cuerpo… No exigiste holocausto ni víctima. Entonces dije: aquí vengo». Encontramos la modernidad de estas palabras en la carta de la Beata Luisa Teresa a la Madre Saint Henri del 20 de mayo de 1849: «No es tanto nuestras ofrendas y nuestros sacrificios como el don de nosotros mismos lo que Él pide».

La oblación

La Oblación es el Don de uno mismo a Dios. La Beata Luisa Teresa decía: «no hay más que una sola oblación, la de Jesús».

La Beata Luisa Teresa decía a sus hijas: «Seguid el camino del amor, a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó por nosotros ofreciéndose a Dios en oblación y sacrificio de suave olor» Ef 5,2

Hoy las Oblatas están llamadas a entregarse totalmente al Padre por el Corazón de Jesús para que viva en ellas la vida filial de adoración al Padre, de reparación y de entera disponibilidad a la voluntad del Padre.

Deseo comprometerme…

Cristo me invita a caminar en su seguimiento…

Me pregunto sobre el sentido de mi vida…

Tres estilos de vida

La misión confiada a Luisa Teresa, reconocida por León XIII ya en 1881, es continuada por su familia espiritual que agrupa en su seno tres Ramas:

Oblatas religiosas

Me atrae la vida en comunidad…

Las Oblatas Religiosas viven en comunidad, pronuncian los votos de castidad, pobreza y obediencia según las Constituciones. Pueden ejercer una actividad profesional.

Lugar de discernimiento y de crecimiento en el amor y la fe, la comunidad nos ayuda a desarrollar nuestros dones y a poner nuestros talentos al servicio de la Iglesia y del mundo.

Disponibles para responder a las necesidades y a las llamadas, queremos difundir el amor y la unidad contemplados en el Corazón de Cristo. María nos acompaña en nuestro camino de Oblatas.

En la alegría y la sencillez nos gusta encontrarnos con las Oblatas Seculares, Afiliadas y Parejas Afiliadas para tiempos de compartir, de renovación y para ayudarnos mutuamente en el impulso misionero.

Nuestros compromisos se viven principalmente en nuestro entorno profesional, en el seno de nuestra familia, según nuestra inserción. Deseamos unirnos a la gente en su vida cotidiana, compartir sus alegrías, sus penas y sus sufrimientos que llevamos en la oración.

Discernimos las llamadas que percibimos o que recibimos con nuestra acompañante en el Instituto. Tiempos regulares en grupo nos renuevan en nuestra fe de Oblatas comprometidas en el mundo. La unidad nos es querida con los otros miembros del Instituto.

Oblatas Seculares

Me siento llamada a la vida consagrada en el mundo…

Las Oblatas Seculares, laicas consagradas, permanecen en su entorno de vida, ejercen una actividad profesional y pronuncian los votos de castidad, pobreza y obediencia según sus Estatutos.

Oblatas Afiliadas

Aspiro a compartir la espiritualidad…

Las Oblatas Afiliadas, solteras o casadas, y las Parejas Afiliadas viven del espíritu de Oblación y se comprometen a testimoniar el Amor de Dios según sus Orientaciones de Vida, sin compromiso de votos.

Compartimos la misión del Instituto de las Oblatas y vivimos profundamente de la espiritualidad de Luisa Teresa difundiendo el Amor del Corazón de Jesús allí donde estamos.

El Espíritu recibido en el bautismo nos conduce a amar y a servir a la Iglesia como María y los Apóstoles después de Pentecostés. Mujeres cristianas, atentas a los gérmenes del Reino, ayudamos a la madurez del grano mediante nuestros compromisos sociales, eclesiales, familiares.

Nos dejamos atravesar e interpelar por el Espíritu para renovar el mundo y volver a los hombres hacia Dios.

Una misma llamada, diferentes maneras de vivirla… Luisa Teresa insiste con fuerza en la unión que debe reinar entre los miembros de una misma familia.

Nos anima el deseo de responder al amor primero de Dios mediante el don de nosotros mismos «la Oblación» en el Corazón de Jesús. Vivimos nuestra misión allí donde estamos, respondiendo a la necesidad de la Iglesia local.

«Nada es más importante que la unión entre nosotros»

«Nuestra misión es unir»

«Todo está en el Amor. Nunca meditaremos lo suficiente esta unión al Corazón de Jesús.»

Testimonios

Véronique D. Oblata Afiliada

 

“Cuando pronuncié mi oblación, era madre de tres niños pequeños y me involucré de forma natural en la catequesis.

Convertida en abuela por primera vez, tengo el deseo de dar a conocer los valores de Amor del Evangelio a mi nieto, inspirándome en las numerosas cartas de Luisa Teresa. Siempre benevolente, supo encontrar «las palabras para decirlo» a cada una de las personas con las que mantuvo correspondencia. Palabras fuertes que resuenan todavía hoy y mantienen los lazos entre nosotros…

Como periodista-redactora, me esfuerzo por transmitir la información lo más cerca posible de las personas a las que va destinada, respetando a los demás y a la verdad. ”

Julienne O. Oblata Secular

«Mi alegría de pertenecer a Dios en una vocación especial»

Deseaba vivir una vocación especial que saliera de lo ordinario mediante la donación total de mí misma a Cristo, por el testimonio del amor de Dios a los hombres, acudir en ayuda de mis hermanos y hermanas que sufren, sobre todo los niños huérfanos y vulnerables, permaneciendo en mi entorno de vida.

De hecho, ya había comenzado, con discreción, una obra en este sentido: la acogida de niños huérfanos, de casos sociales procedentes de familias pobres y desfavorecidas. Posteriormente, creé una asociación denominada: «Asociación Tall b Neere», que significa en lengua Moore: «¡Cuida bien de ellos!». La gente se hacía muchas preguntas sobre lo que yo vivía porque no es habitual llevar una vida exterior a la comunidad religiosa.

Empecé a buscar en internet una estructura cristiana que permitiera realizar mi vocación y me encontré con el Instituto de las Oblatas del Corazón de Jesús. Me dije: esto es lo que deseaba desde hace tiempo. Estaba realmente seducida y deseosa de ser miembro.

La gran devoción de Luisa Teresa al Corazón de Jesús, su vida sencilla y oculta, la Oblación total a Dios, el Carisma, la Espiritualidad del Corazón de Jesús… todo ello responde a mi deseo de darme totalmente a Dios al servicio de la Iglesia y de mis hermanos y hermanas en la vida activa.

Me consagré enteramente a Dios en una ofrenda total para testimoniar el amor de Cristo a los más pobres. Puedo decir: «es la alegría de pertenecer a Dios».

Monique Kaeser Oblata Religiosa

Me llamo Monique Kaeser, pronuncié mis primeros votos en Montluçon el 31 de julio de 1967. Mi vida no ha sido más que servicio entregado al Señor como Oblata del Corazón de Jesús. Pero también ha sido misión compartida y puntuada por encuentros.

En primer lugar, trabajé en un Hogar de Jóvenes en situación difícil, donde el diálogo era necesario para ayudarlos tanto a nivel social como espiritual. Lo importante era estar con ellos sin juzgarlos, pero también tener con ellos un intercambio desde la sencillez.

Como dice nuestra fundadora la Beata Luisa Teresa «ser en el corazón del mundo testigos del evangelio».

Más tarde, partí a África en respuesta a una llamada más personal, para trabajar en la formación de los jóvenes y la catequesis.

Los frutos de esta misión han sido numerosos: sentí mucha alegría al vivir en esta otra cultura. Mi fe se enriqueció al escuchar la palabra de Dios encarnada en esa realidad.

«Si conocieras el don de Dios», esta frase del evangelio que sentí desde mi bautismo ha alimentado toda mi vida en el camino recorrido. Es en una acción de gracias y de alabanza que quiero dar las gracias al Señor por todas estas misiones vividas.

Las dificultades encontradas no me han impedido renovar cada día mi compromiso en el Instituto, mi oblación al Corazón de Jesús. Hoy todavía quiero dar gracias por todo lo que he recibido.