La consagración al Sagrado Corazón de Jesús
La consagración al Sagrado Corazón tiene su origen en las apariciones de Jesús a Santa Margarita María ALACOQUE. Jesús le pedía, además de dar a conocer su amor al mundo, consagrarse a su Corazón. Es la práctica esencial de la Devoción al Sagrado Corazón.
Para consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús, es esencial hacer un acto de fe, de confianza y de amor.
La consagración al Corazón de Jesús es una escuela de vida espiritual. Es una respuesta al amor que Jesús tiene por los hombres. Es un medio sencillo para poner en práctica cada día la gracia del bautismo. Es una llamada a velar, a lo largo del día, por devolver a Cristo amor por amor.
En efecto, este acto, aunque sea personal, no es individualista ni intimista, sino que está llamado a traducirse en lo social.
Para la Beata Luisa Teresa, la consagración al Corazón de Jesús fue un acto que confirmó su vocación: «la de vivir solo para Dios».
Lo dirá más tarde: «El voto al Sagrado Corazón ha hecho mi vida, ha hecho la piadosa Unión».
Una propuesta de acto de consagración al Sagrado Corazón
Señor Jesús, Tú que has venido a encender un fuego en la tierra, hoy me abandono a la voluntad del Padre en el soplo del Espíritu Santo. Purifica mi corazón, abrásalo de amor y de caridad. Haz crecer en mí el deseo de la santidad. Por el Corazón Inmaculado de María, yo (decir su nombre) me consagro por entero en tu Corazón para amarte y servirte. ¡Amén!
Espiritualidad del Instituto
La espiritualidad del Instituto de las Oblatas del Corazón de Jesús es la del Sagrado Corazón. Tiene su origen en la orientación espiritual de Luisa Teresa.
A los siete años, en la Navidad de 1827, ante un pobre belén, muy sencillo, Luisa recibe la luz del Espíritu Santo y comprende el conmovedor misterio de un Dios niño, pobre, sufriente. Quedó profundamente penetrada por ello y empieza a amarlo.
En la Navidad de 1836, cuando tiene dieciséis años, al salir de la misa de medianoche, su amiga Camille de Berthier le susurra: «El Cordero… las vírgenes siguen al Cordero adondequiera que vaya…».
La luz del Espíritu Santo recibida desde los siete años le hará ver, en ese Jesús del belén, al Cordero, enviado por el Padre como víctima de propiciación por nuestros pecados. El Hijo obedece al Padre por amor a los hombres. Este amor se manifiesta por su Corazón traspasado en la cruz. Luisa Teresa comprendió este amor y respondió con su consagración al Corazón de Jesús: respuesta de amor al amor de Dios, es la Oblación.


En este impulso, arrastra a otras mujeres a consagrarse para vivir este amor y dar testimonio de él. Por su unión con Cristo y la unión entre ellas, se convierten en signo del Reino (apóstoles y misioneras, capaces de transformar el mundo dividido.
«No las deseo de otro modo que como los Apóstoles después de Pentecostés». Luisa Teresa


«La Piadosa Unión no está destinada a aislarse de la sociedad… sino a penetrarla»













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