Hay vidas que se tejen en el silencio, pero cuyos frutos resuenan para siempre. Cumplir cien años es un evento extraordinario, pero celebrar un siglo de vida de una religiosa es contemplar un misterio de fidelidad, entrega y amor incondicional que trasciende el tiempo.

El jueves 15 de octubre de 2026, nuestra querida hermana Teresa de Jesús Flores, salvadoreña, cumplió 100 años de vida.

En la vida de hermana Tere, 100 años ha sido un evento especial, porque en su rostro se ve la belleza, similar a cuando se contemplan las capas de un árbol centenario que sigue dando sombra, acogiendo miles de pajaritos que vienen anidar en él.

Un siglo de existencia guarda la memoria de desvelos, de silencios, de responsabilidades, de acogida de personas enfermas, de viajes, de accidentes y de palabras dichas en momentos propicios para alentar a quien estaba caído o pasando por dificultades.

100 años es un tiempo que dejó de ser prisa para convertirse en pausa, en silencio habitado y en horas de oración…

Cumplir 100 años, no es solo acumular experiencias; es ser testigo privilegiado de ver pasar el tiempo que cambia de piel, generaciones que buscan sentido a sus vidas, ver pasar cartas de papel que van y vienen anunciando cambios, decisiones, invitaciones, vivir la pandemia, ver guerras donde unos se destruyen contra otros y que al final poco o nada se aprendió de ellas

Lo admirable de hermana Tere, es que, después de haber vivido tantas experiencias, unas maravillosas y otras dolorosas, su sonrisa sigue siendo intacta, sus palabras de agradecimiento, las mismas en cada instante que recibe un servicio. Su sencillez, deja traslucir en ella la persona fiel, plena y consciente de su entrega total a quien le dio la vida y todo lo que con ella ha recibido y dado.

Llegar a los cien años es, sobre todo, un acto de resistencia luminosa: es recordarnos, a los que venimos detrás, que la vida no es una carrera de velocidad, sino una obra tejida con paciencia, con amor, con alegría, con solidaridad, generosidad y sobre todo con oraciones.

Nuestra hermana Tere, hizo vida, el llamado de nuestra fundadora Luisa Teresa de Montaignac “Ser más que parecer”.

La comunidad Sagrado Corazón ha festejado este acontecimiento con alegría y gratitud celebramos cien años de una vida que se hizo y hace ofrenda. Gracias, hermana Tere por ser testimonio vivo de que la fe, cuando es auténtica, no envejece; se vuelve eterna.

Bendito sea Dios, por todo lo vivido y compartido.

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